BRASILIA.- La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, suscribió ayer con su par de Estados Unidos, Barack Obama, 10 acuerdos y sentaron las bases de una nueva fase en la relación bilateral.
En su primera visita a Brasil, Obama calificó al gigante latinoamericano de potencia económica y de líder global, pero se abstuvo de dar el esperado apoyo explícito a la pretensión del país de un asiento de miembro permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
El comunicado conjunto divulgado al final del encuentro presidencial informa que Obama manifestó a Rousseff su aprecio por la aspiración de Brasil y defendió una expansión limitada del organismo, lo que ha sido interpretado por diplomáticos locales como un paso adelante frente a la posición anterior de Washington, que siempre se abstuvo de comentar la demanda brasileña. No obstante, apuntaron que la declaración incluida en el comunicado conjunto es menos enfática que la formulada por Obama a fines del año pasado durante una visita a Nueva Delhi, cuando dijo que esperaba ver en el futuro a un Consejo de Seguridad reformado que incluye a India como un miembro permanente.
La visita de Obama no resultó en la firma de un esperado acuerdo sobre compra anticipada de petróleo de las reservas brasileñas descubiertas en aguas ultraprofundas de la capa pre-sal del litoral brasileño ni tampoco en la retirada de las trabas arancelarias y sanitarias que dificultan el acceso de productos de exportación de Brasil al mercado norteamericano. Sin embargo, los dos mandatarios crearon una Comisión de Relaciones Económicas y Comerciales dedicada a negociar estos temas a nivel ministerial y además decidieron elevar a nivel presidencial los mecanismos bilaterales de diálogo, incluso en las áreas financieras y de energía.
El ambiente festivo que rodeó la visita dejó en claro que Brasilia y Washington superaron la etapa de enfriamiento de las relaciones que se agudizó el año pasado, a raíz del acercamiento del pasado gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva a un archienemigo de Estados Unidos, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad.
Rousseff calificó de honor y privilegio el hecho de recibir a Obama en Brasilia menos de tres meses después de asumir el gobierno y prometió viajar a Washington en el segundo semestre de este año. Además, destacó como un hecho histórico que la primera mujer en llegar a la Presidencia de Brasil reciba al primer descendiente de africanos a llegar a la jefatura de gobierno en Estados Unidos. No obstante, la mandataria también dejó en claro que el acercamiento entre los dos países no significa el fin de las divergencias: se quejó de la depreciación del dólar y de las trabas a las exportaciones brasileñas e insistió públicamente por dos veces en la demanda brasileña por un lugar de miembro permanente del Consejo de Seguridad. Además, advirtió que una alianza entre los dos países, sobretodo si quiere ser estratégica, es una construcción común, pero entre iguales.
Más que en los acuerdos, el interés de Obama en estrechar relaciones con el país que es hoy la séptima economía del mundo quedó evidente en los dos encuentros que sostuvo el mandatario con representantes del sector privado. Primero, con altos ejecutivos de 40 grandes empresas brasileñas y estadounidenses reunidos en el palacio Itamaraty (Cancillería) y, luego, con empresarios de los dos países que intervienen en un seminario realizado por la Confederación Nacional de la Industria (CNI). En el segundo encuentro, Obama fue claro sobre la principal motivación de su viaje a Brasil: "cuando mira a Brasil, Estados Unidos ve la oportunidad de vender más bienes y servicios a un mercado de casi 200 millones de consumidores", dijo, aunque aseguró que la relación económica más estrecha que aspira a construir con Brasil no es una vía de mano única.
Obama pronunciará hoy en Río de Janeiro un discurso a los brasileños y visitará el Cristo Redentor y, posiblemente, la favela Ciudad de Dios. (DPA)